La iniciativa pone sobre la mesa una realidad incómoda: la democracia panameña sigue siendo inaccesible para miles de ciudadanos, no por falta de interés, sino por barreras que el propio sistema no ha querido derribar.
Veraguas fue escenario de una jornada que no solo habló de inclusión, sino que evidenció una deuda histórica del sistema político panameño: la participación real de las personas con discapacidad.
La Secretaría Ejecutiva Sectorial de Personas con Discapacidad del Partido Panameñista desarrolló una capacitación enfocada en dotar de herramientas concretas a este sector, en una de las provincias con mayor incidencia según la Encuesta Nacional de Discapacidad (ENDIS).
Más que un evento formativo, el espacio se convirtió en un punto de encuentro para cuestionar por qué, en pleno siglo XXI, miles de panameños siguen fuera de la toma de decisiones.
“Las personas con discapacidad no necesitan asistencialismo. Necesitan herramientas, espacios y voz en la toma de decisiones.”
Rosa Inés Soto, Secretaria Ejecutiva Sectorial de Personas con Discapacidad.
Durante la jornada, la Magíster María José Ordóñez abordó un aspecto poco discutido en la agenda pública: las barreras invisibles.
No se trata únicamente de rampas o accesos físicos. Se trata de prejuicios, de entornos que desmotivan, de espacios políticos que no están diseñados para incluir.
Barreras emocionales que limitan la participación, comunicacionales que excluyen otras formas de expresión, y actitudinales que perpetúan la idea de que la política no es un lugar para todos.
Más allá del diagnóstico, se plantearon rutas claras: formación, exigencia de derechos y ocupación activa de espacios políticos.
El ingeniero Ángel César Chang Rodríguez expuso una realidad tangible: gran parte de los espacios políticos en Panamá siguen siendo inaccesibles.
Sedes sin adecuaciones, auditorios sin condiciones básicas y estructuras pensadas para una mayoría, dejando fuera a miles.
La conclusión es directa: la exclusión también se construye desde el diseño.
Una cifra que no puede ignorarse
781,478 panameños viven con algún tipo de discapacidad, lo que representa el 18% de la población, según la ENDIS.
Es decir, casi uno de cada cinco ciudadanos enfrenta barreras adicionales para participar en la vida política.
Ignorar esta realidad no es solo una omisión: es una falla estructural de la democracia.
La elección de Veraguas no fue casual.
En lugar de concentrar estas iniciativas en la capital, la jornada se trasladó a una de las provincias con mayor necesidad, enviando un mensaje claro: la inclusión no puede depender de la ubicación geográfica.
Más que discurso: presión por una política inclusiva
En su intervención, Rosa Inés Soto planteó un mensaje directo:
“Muchas personas con discapacidad no participan en política no porque no quieran, sino porque el entorno les ha hecho sentir que no pertenecen. Cambiar eso no es opcional, es urgente.”
La jornada deja una pregunta abierta al resto del sistema político:
¿quién más está trabajando activamente para derribar estas barreras?
Una deuda pendiente de la democracia
Lo ocurrido en Veraguas evidencia que la inclusión política sigue siendo más discurso que práctica en Panamá.
Y también deja claro que cuando se generan espacios reales, la participación sí ocurre.
Porque el problema nunca fue la falta de interés.
Fue la falta de acceso.
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